martes, 12 de marzo de 2013

El Pozo

Me encantaba el agua. Nadaba y bañaba en el rió del pueblo todos los días bajo el sol, con las vistas de las pirámides en la lejanía  Chapoteaba en el agua con los niños. Nuestro pueblo de arena estaba situado por el banco del rió gigante, lo que me decían es tan largo que sustenta casi todo el continente. Todo el agua del rió entra el pozo de piedra que esta situada en el centro del pueblo lleno de chozas de lodo, como el corazón del pueblo rodeado por arena.

Mi familia y mis amigos con quienes bañaba y jugaba en el rió y sobre el pozo de piedra fueron esclavizados y matados. Yo podía oír el ruido el día en que la gente de las pirámides vinieron de caballo, con joyas de oro sobre el cuello. Las pirámides en la lejanía siguen allí pero ahora viene gente de todo el mundo con cámaras y que hablan idiomas raras y europeas para verlas.

Yo me quedo aquí en el agua. La gente de las pirámides vinieron y desaparecieron, y luego los griegos vinieron también  y los romanos, y los árabes  Pasaron por el pozo y luego fueron a las pirámides  porque el pueblo no tiene nada. Pero yo sigo aquí en el centro del pueblo. Hoy en día nadie viene para recoger el agua del pozo en el que caí. Mi tumba de agua.

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Con las vistas de las pirámides en la lejanía, chapoteaba en el agua con mis amigos bajo el sol rojo. Nuestro pueblo de arena estaba situado por el banco del rió de oro, lo que me decían es tan largo que sustenta todo el universo. El agua de oro entraba al pozo de vida.

Podía oír como mi familia y amigos seguían bañando en el rio durante los próximos 500 años, hasta que la gente de una tierra muy lejos vino. Yo podía oír el ruido el día en que la gente vino de caballo, con joyas brillantes sobre el cuello. Después de aquel día no podía oír mi familia y amigos bañando en el rio nunca más y el agua de oro poco a poco desaparecía.
Las pirámides en la lejanía siguen allí pero ahora viene gente de todo el mundo con cámaras y hablan idiomas raras. Nunca viene a mi pueblo vacio.

Yo me quedo aquí en el pozo de vida. La gente con joyas fueron a las pirámides. Ha pasado mucha gente por el pueblo: hombres con el cuerpo de caballo, mujeres con cabeza de serpiente, hombres con piel marón volando en alfombras. Pero al final todos fueron a las pirámides dejaron mi pueblo vacio. Ahora no queda agua de oro en el rio, y el pozo está seco. Yo sigo aquí. Solo y olvidado.  




jueves, 28 de febrero de 2013

Aislado y Arrogante

A mi da igual si una mujer es una modelo, una estudiante o simplemente trabaja en el supermercado, si es guapa es cierto que sentirá la seda de mis sabanas al menos una vez. Y por la mañana se lo juro que ella no querría irse de mi cama. Nunca me ha venido a la cabeza contar el numero de las tangas que habitan mi dormitorio, pero en forma espontanea yo diría veinte o sea. Me lo cojo el móvil encima del tocador y veo que hay cinco llamas perdidas: Maria, Isabel, Pilar, Alejandra y Mariana. Ayer había ocho.

Oigo los sonidos de la gente afuera en la calle. Hay coches, madres llevando los niños al colegio, el ladrido de un perro. Vida.

Yo aquí con esta... ¿como se llama? ¿Luisa? ¿Laura? Todavía esta durmiendo, y como la mayoría de las otras que han pasado por esta cama, le dejo soñando. Le miro un rato mientras que muevo mi mano sobre su espalda y me llama la atención un tatuaje- "mi querido Jorge". Lo siento señor.

A veces me pregunto ¿por que no me quede con una chica que conozco en las discotecas? La respuesta es que podría manipular cualquiera de las chicas que bailan como robots a la mierda de música que tocan en las discos. Son exactamente iguales. Cuando la puerta de mi casa cierre y esta chica ya esta en el taxi en camino a su casa, creo que voy a llamar a Mariana. Me apetece una rubia...

... Y me gusta como hacen sonidos mientras duermen.

***


A mi da igual si una mujer es una modelo, una estudiante o simplemente trabaja en el supermercado, si es guapa es cierto que sentirá la seda de mis sabanas al menos una vez. Y por la mañana se lo juro que ella no querría irse de mi cama. Nunca me ha venido a la cabeza contar el numero de las tangas que habitan mi dormitorio, pero en forma espontanea yo diría veinte o sea. Me lo cojo el móvil encima del tocador y veo que hay cinco llamas perdidas: Maria, Isabel, Pilar, Alejandra y Mariana. Ayer había ocho.

Oigo los sonidos de la gente afuera en la calle. Hay coches, madres llevando los niños al colegio, el ladrido de un perro. Vida.

Yo aquí con esta... ¿cómo se llama? ¿Luisa? ¿Laura? Todavía está durmiendo, y como la mayoría de las otras que han pasado por esta cama, le dejo soñando. Le miro un rato mientras que muevo mi mano sobre su espalda y me llama la atención un tatuaje- "mi querido Jorge". Por solo un momento me siento mal. Todo lo que está mal en el mundo me ataca a la vez e imagino como reaccionaria yo si el amor de mi vida soñara con algún otro chico. Olvídate, pienso. No tengo nada que ver con aquel tío que no puede satisfacer a su mujer. Da igual. Y el ciclo empieza de nuevo.

A veces me pregunto ¿por qué no me quede con una chica que conozco en las discotecas? La respuesta es que podría manipular cualquiera de las chicas que bailan como robots a la mierda de música que tocan en los discos. Son exactamente iguales. Cuando la puerta de mi casa cierre y esta chica ya está en el taxi en camino a su casa, creo que voy a llamar a Mariana. Me apetece una rubia...

... Y me gusta como hacen sonidos mientras duermen. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Zapatos


Me acuerdo del día en que mi hermano mayor volvió a casa después de una semana de viajes con sus amigos. Cuando el pasó por la puerta de la casa tenía algo en su mano, algún regalito o sea. Se acerco a mí y me pegó el brazo sonriendo. Me llamo la atención lo que tenía en su mano y mis ojos se abrieron de emoción. Me dio la caja y empecé a abrirla con ganas, como un cofre del tesoro. Lo que descubrí eran blancos y azules, los zapatos de deportes más chulos que jamás había visto. El logo de “Nike” en blanco era tan brillante contra el azul, y brillaba en mis ojos como si fueran joyas, y me enamore de ellos en ese momento. Los llevaba cada día en el parque con los amigos, jugando fútbol y después de solo dos o tres semanas los destruye con marcas de césped y tal.  Me encantaba esas marcas verdes porque los zapatos parecían a los colores del globo- azul, blanco y verde- y me hacían sentir que tuviera los zapatos hecho por Dios mismo.